Por Mireia Long
Lo cierto es que el título que he dado a este artículo puede resultarnos
escalofriante, pero los estudiosos que defienden esta hipótesis parece que lo
tienen muy claro: el cerebro de la madre que no amamanta al recién
nacido interpreta que el bebé ha muerto.
La evolución ha hecho que las madres que dan a luz estén naturalmente
esperando que el recién nacido se enganche a su pecho. Las hormonas que se
desencadenan en el parto la preparan para ello y, el no amamantar al bebé, hace
que el cerebro reciba señales naturales que se asociarían a la pérdida del
hijo, pudiendo, por tanto, desencadenar reacciones de pérdida.